Nos encontramos atravesando uno de los periodos más caóticos que el ser humano ha conocido, según se empeñan en decirnos una y otra vez los filósofos, pensadores y demás notables de hoy en día.
Los movimientos post-modernistas acabaron por descubrirnos las carencias de los grandes relatos filosóficos y desde entonces no es posible entender el mundo desde un cuerpo filosófico compacto y sólido, desde un gran texto que conceptualice y explique el mundo, esto es, desde un argumento ontológico universal. Unos llamaron a esto la crisis de los grandes relatos, otros el final y la muerte del hombre. Unos, más ufanos, tildaron a los tiempos que corren como los de la sociedad del espectáculo o la era de la información y la globalización, y otros no hacen más que llevarse las manos a la cabeza y esperar el fin de un mundo que hasta ahora creíamos conocer y controlar.
Quizá todo pueda parecer una exageración retórica, un ardid retorcido por sembrar turbación y desasosiego, es posible. Pero es innegable que aquel modelo de mundo mecanicista donde todo estaba en su sitio y esto permitía que la gran máquina mundial se moviese como un solo engranaje se quebró y descompuso con los primeros cañonazos de la gran guerra y lo remataron los últimos y más grotescos estertores de la guerra fría y las ansias de los omnipotentes imperios, que no son más que omnívoras máscaras huecas fustigadas por intereses puramente crematísticos, por el afán de poder de aquellos que se reparten la gran aldea global. Que el mundo se encuentra sumido en una general perdida de valores es evidente. Que todos estamos un poco perdidos y recelosos y expectantes ante lo que acaezca es un hecho, pero que la juventud, especialmente, se debate entre dilucidar que es lo bueno de lo malo o ya simplemente se deja llevar por la masa, es aún más palpable y evidente. Y ciertamente los últimos acontecimientos, aquellos que día a día nos son regalados a cañonazos de información por los medios de comunicación, no hacen nada por aclarar y establecer nuevos valores o principios.
¿A qué puede agarrarse una mente nueva, un alma joven a la hora de preguntarse lo que todo ser humano se ha preguntado a lo largo de su historia; quién soy yo, qué hago aquí, de dónde vengo y a dónde voy?
Nadie tiene la respuesta perfecta, eso es obvio. Y nadie tiene la legitimidad absoluta de indicar un camino y nombrarlo a ciencia cierta como el acertado o el único. Pero sí está en la mano de aquellos que tienen, por una cuestión meramente cuantitativa, más años, y por ende presumiblemente más experiencia, brindar herramientas para generar en los jóvenes un juicio critico y rico, un interés vivo que permita dotarlos de armas ante los dilemas que les asaltan.
Es en el arte, el pensamiento libre, la reflexión inteligente que se mira a sí misma con la misma severidad que mira a los demás, el sabio consejo del narrador, el certero dardo del crítico, el análisis de los que navegan en la historia o el raudal de fuerza intuitiva del poeta, en todas las humanidades en general, donde el joven puede experimentar y conocer mundos diversos, donde puede aprender y desarrollarse libremente y donde ha de encontrar su dimensión humana. Este es el mayor de los legados que podemos dejarles y que estamos obligados a mantener, potenciar y hacerlos partícipes de él. Es en todos estas artes donde, si no respuestas, sí se pueden encontrar más preguntas que lleven a otras muchas, y esto no es otra cosa más que, en definitiva, crecer como ser humano, ser más conciente y coherente con el mundo en el que se vive. Ser ciudadano del mundo sería el fin último del hombre, pero ciudadano conciente que es capaz de sintetizar sus propios valores como respuesta cabal a las circunstancias que lo rodea, sus propios principios, de los cuales todos puedan participar y verter su ejemplo en las generaciones venideras. |
FACTOR HUMANO es un iniciativa puramente universitaria que nace de la natural reacción contra la continua degradación de valores y la falta de referentes a los que el hombre se ha visto abocado al verse invadido por el mercantilismo exacerbado, ejemplo básico de esto lo demuestran buena parte de los medios de comunicación de masas en su pugna por copar las audiencias. Los “famosos”, los personajes públicos admirados y admirables, distan cada vez más de lo que una sociedad coherente con sus propios principios y sus raíces debería aceptar. Observamos con estupor como los medios, interesados en mercadear con noticias fáciles y superficiales, transforman a su libre albedrío personas de discutible notoriedad en estrellas mediáticas, y productos puramente lúdicos y frívolos en elementos indispensables para la vida. Todo esto, entre otros muchos factores, ha provocando el ostracismo de la vida pública de personas que otrora representarían todo un ejemplo a seguir, poetas, pensadores, filósofos, escritores, escultores, pintores, filólogos, historiadores, ensayistas, músicos y muchos más son nombres cada vez más lejanos y distantes al ciudadano de a pie. Esto es, sin lugar a dudas, una muestra fácil de la crisis en la que las humanidades se están viendo sumidas.
Es pues en interés de todos rescatar aquello que nos hace humanos, lo que para está serie de actos culturales de carácter anual hemos querido aunar bajo la denominación FACTOR HUMANO. Ver, escuchar y hablar serán nuestras tres premisas fundamentales.
Desde la Universidad de Sevilla se va a crear para el mundo un punto indiscutible de referencia donde se debatan desde las humanidades para la humanidad. Donde se pongan sobre la mesa las cuestiones que realmente necesitan debate y reflexión desde las voces más claras y capacitadas de hoy en día, esto es desde las VOCES DE NUESTRO TIEMPO. |